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12.12.25

Nota sobre la crítica teatral en Venezuela, por Oscar Acosta

Nota sobre la crítica teatral en Venezuela*

 

Por Oscar Acosta 


El registro bibliohemerográfico que hacen los críticos es la base principal de la memoria histórica escrita del teatro. Las herramientas de registro tradicionales son, en el mejor de los casos, limitadas y, en el peor, engañosas.

 

Una fotografía fija un instante de la obra teatral, pero anula el movimiento y el ritmo. Un video atrapa la acción y los parlamentos, pero aplana la experiencia tridimensional y no registra la conexión – o la falta de ella- presencial entre el público y los intérpretes. El texto dramático es solo literatura, teatro potencial, no la representación en sí. El teatro es una idea o texto literario vivificado -encarnado, animado, recreado-  que supera en emociones la experiencia que provoca al ser explicado, leído o narrado, salvo en el caso, por desgracia más frecuente de lo que se debiera, de un pésimo montaje. El memorable Pío Miranda del clásico latinoamericano El día que me quieras, no es solo los parlamentos escritos por Cabrujas, sino también la corporeidad presente de un comunista atormentado en la Caracas de 1935 y su contexto político, más la resonancia íntima que su accionar – o inacción- provoca en el espectador.

Es por eso que la crítica teatral podemos planteárnosla no como simples comentarios que buscan orientar al público, sino como una necesidad histórica. El crítico, en el importante rol de testigo conocedor del hecho, actúa como un notario de lo momentáneo.

Su función es vivir el evento teatral, reparar en sus consecuencias anímicas y analizar sus componentes estéticos, para luego traducirlo a un medio perdurable: la palabra escrita e impresa o, desde hace algunos años, de amplia divulgación digital. En este proceso de registro, no se limita a describir como haría un científico ante un experimento; sino que sopesa, interpreta, da valor y sitúa en el contexto, ciertamente con una mirada subjetivamente estética, insuficiente e imprecisa, pero impregnada de humanidad. Mientras lo hace, tiende un puente insustituible entre la obra que vivió y la memoria que deja a las generaciones futuras. Sin este puente, muchas obras y sucesos teatrales se habrían perdido en la cueva del pasado, reducidos si acaso a una fecha y el título en un programa de mano o, por unos pocos años, a un recuerdo que se va deshaciendo en la mente de los espectadores, para finalmente perderse para siempre.

A continuación, tomando a Venezuela como ejemplo, citaremos – con su grafía original- algunas críticas que nos permiten avizorar nuestro pasado escénico. La primera publicada en nuestro territorio la hallamos en la Gazeta de Caracas, del 30 de diciembre de 1808, num. 17., p. 4. Veamos unas líneas de la misma:


“El 25 del corriente se ha abierto de nuevo el Teatro Público de esta ciudad, con genéral satisfaccion de la numerosa concurrencia; y se dio principio a la función con el drama alegórico, La España restaurada, muy propio de las actuales circunstancias de la nación, y terminado con una Canción patriótica A lá vista de los personages que representaban las Provincias de España con los trages correspondientes, sobre todo á la del Retrato de nuestro amado Soberano Fernando VII, presentado repentinamente con una bella iluminación, el entusiasmo de los concurrentes se manifestó del modo más espresivo (…) Muchos de los espectadores acompañaron en aquella, y principalmente en la siguiente noche, el ritornelo o coro con que terminaba cada una de las coplas de la Canción patriótica; la alegría pública no se ha manifestado nunca de una manera menos equívoca…”

 

La nota fue redactada muy posiblemente por Andrés Bello, editor encargado de la publicación. En la pasada década del 40, el bibliógrafo y filólogo Pedro Grases le atribuyó la autoría de la pieza refrerida al mismo Bello, pero gracias al título proporcionado y los personajes descritos sucintamente, sabemos con toda certeza que fue escrita por Gaspar Zavala y Zamora, con musicalización de Blas de la Serna, en un momento en que la corona promovía la defensa de Fernando VII, rey de España, que se enfrentaba a la invasión napoleónica, tema que es dado a entender en la nota.



Avanzamos hasta 1822, a menos de un año después de la batalla de Carabobo. En esa época, el periódico bilingüe El Anglo-colombiano (imágenes 2 y 3), redactado y editado en nuestra capital por el inglés Francis Hall, coronel, periodista, escritor y botánico al servicio de la independencia, publicó una extensa crítica titulada “Diversiones de Caracas”. El artículo, escrito desde una perspectiva europeizante por un autor acostumbrado a otros escenarios, alude a los dramas que se representaban y nos brinda un relato de la actividad teatral de entonces. Cito:

“La palabra de representación teatral tiene un sonido muy agradable, y cuando se informa un extrangero de que la Ciudad de Caracas con una población de 20000 mil almas contiene nada menos que cuatro teatros, sacará consecuencias faborables acerca del gusto dramático de este pueblo, y lo creerá dotado de la finura y agudeza del Ateniense; pero muy pronto lo desengañará la experiencia. De estos cuatro teatros creemos que dos están consagrados á representar Dramas de la Escritura, o Nacimientos; de los cuales vamos á dar una sencilla y breve descripción”.

En los párrafos siguientes, Hall se explayó en relatar, con tono satírico y mordaz, una pintoresca función de la que, según podemos deducir, fue testigo:

“…se entretiene San Josef con una relación de la batalla de Carabobo, y toda la santa familia se interesa muy particularmente en los destinos de Colombia (…) Los principales interlocutores son un indio y un negro, este último más negro que el diablo mismo: su ocupación es divertir al auditorio con bufonadas y agudezas contra los españoles”.

El autor, se pasea por la mala calidad de los espacios; las incongruencias del vestuario y los decorados; la pobreza de los productores y la escasa paga a los actores; y el montaje de Otelo, maltratado por la traducción (primer montaje shakespeariano en el país del que tengamos noticia); culminando la crítica con recomendaciones para la mejora de la actividad teatral.

Para concluir, mencionaremos un ejemplo proveniente de la región oriental, el cual evidencia la consistente actividad dramática que se desarrollaba fuera de Caracas, un aspecto de nuestro teatro que merece mayor atención. Se trata de las críticas publicadas en El Manzanares (1843-44), periódico de Cumaná, estado Sucre, las cuales inferimos fueron escritas por su editor, Pedro Cova. En sus notas, algunas de considerable extensión, el redactor no solo demuestra un genuino interés, sino también un conocimiento minucioso del arte teatral. Su mirada abarcaba todos los aspectos de la función: desde las actuaciones y el texto hasta el vestuario, el comportamiento del público y el acompañamiento musical. Incluso documentaba aspectos no comunes en una crítica, como la ineficiencia policial para mantener el orden durante la función o los insólitos ataques con piedras lanzadas desde el vecindario hacia la sala.

Citamos fragmentos de una nota que ocupa casi una página de extensión, publicada el 5 de septiembre de 1843.

“La función del sábado tuvo por pieza principal el drama en cinco actos titulado Jusepo el Verones, Libertador de su patria, por intermedio una aria que cantó la Sra. Ayala; y por final El gastrónomo sin dinero.

El Libertador de Verona es un drama sangriento y nada más. A víctima por acto, llegámos á tornar que en el quinto no hubiese ya personaje vivo, ni actor que recogiese los cadáveres. El público, aterrado de tanta sangre y poco ó nada satisfecho del artificio del drama, no tributó ni un solo aplauso. Nos congratulamos con él por tan atinado comportamiento. (…)

Razón tuviéramos para calificar de terrorista al autor del drama. El teatro quedó ensangrentado y el público aterrado de sus inventos. Un rasgo del drama podemos citar en comprobación con aquella verdad. Medio muere un Barón por resultado de un duelo: llega en esto Jusepo y lo despeña horriblemente en un precipicio para matarlo de una vez. ¿No era posible que muriese tranquilamente en fuerza de la herida? No: el poeta necesitaba saciarse de horrores.

Así valuado el mérito del drama, conocido queda el principal origen del descontento que reinó en el auditorio. La ejecución, ademas, lo dirémos con pena, fue desgraciada. Se ignoraban los papeles: percibíase á leguas la ronca voz del apuntador (…) después que hemos elogiado tanto por justicia, por justicia también estamos en el deber de censurar“.

 

La crítica periodística –y más recientemente la publicada digitalmente- es el testimonio principal que nutre la memoria del teatro. Sus crónicas, documentan para la posteridad el pulso concreto de cada función, dando cuenta no solo del texto o la actuación, sino de la intensidad de los aplausos, la irrupción de las novedades y hasta de las piedras que caen en un teatro sin techo. Al registrar lo efímero, convirtien lo instantáneo del acto escénico en historia perdurable. Por ello, revisar este pasado no es gusto por la nostalgia, sino un acto de comprensión del camino hacia lo presente; es reconocer que la crítica teatral ha sido, y sigue siendo, el archivo donde se asienta la principal contribución a la historia del teatro.


*Nota: Lo anterior es un fragmento de un escrito de mayor extensión titulado La crítica como base de la historia del teatro.

11.12.25

La Escuela de Teatro Inés Laredo celebra con El médico a palos, por Jesús Eduardo Espinoza

 La Escuela de Teatro Inés Laredo 
     celebra con El médico a palos      



Por: Jesús Eduardo Espinoza 

Estrenada en 1666, El médico a palos es una de las comedias más célebres de Molière donde la sátira se centra en la medicina y la credulidad humana. Su humor sigue vigente porque ridiculiza las apariencias y los engaños sociales.

La versión de Lolimar Suárez demuestra cómo los clásicos pueden ser reinterpretados para dialogar con nuevas generaciones, manteniendo la esencia, pero adaptando el ritmo y la estructura dramática.

Los jóvenes actores mostraron el pasado miércoles 10 de diciembre en el auditorio de la UNIR lo aprendido en tres años y medio de formación académica, lo que refleja la importancia de la pedagogía teatral en Venezuela.

La entrega de certificados al final de la función convierte la obra en un rito de paso, donde el escenario se vuelve también espacio de graduación y celebración.

Figuras clave

Arnaldo Pirela, director y maestro, es reconocido en la escena zuliana por su labor formativa y su capacidad de montar obras con rigor y sensibilidad.

La presencia de Nelly Oliver, dramaturga y directora académica de la Secretaria de Cultura de la Gobernación del Estado Zulia, subraya el respaldo institucional y artístico que legitima el trabajo de los estudiantes.

El hecho de que la sala estuviera llena con familiares, profesores y público invitado muestra cómo el teatro se convierte en un acto comunitario de apoyo y orgullo colectivo. Este tipo de montajes no solo forman actores, sino que también fortalecen la identidad cultural y la memoria teatral de la región.  

Reseña crítica

La representación de El médico a palos, en versión de la dramaturga Lolimar Suárez Ayala y bajo la dirección del maestro Arnaldo Pirela, se convirtió en un verdadero examen de madurez para los jóvenes actores de la Escuela de Teatro Inés Laredo. Más allá de la fidelidad al texto y la estructura dramática en lo externo - interno, destacó la solidez del trabajo actoral.

Cada intérprete asumió la construcción de su personaje con un colorido expresivo y una gestualidad precisa que no solo delineó las características individuales de la farsa molieresca, sino que también sostuvo el ritmo de la comedia en su totalidad. Los movimientos escénicos, lejos de ser meros desplazamientos, se convirtieron en recursos que potenciaron la sátira y mantuvieron la atención del público.

El entusiasmo y la concentración de los espectadores no fueron casualidad: respondieron a la energía escénica desplegada por los actores, quienes lograron transformar el humor clásico en una experiencia viva y cercana. La farsa de Molière, reinterpretada desde la mirada contemporánea de Suárez, encontró en estos jóvenes un canal fresco y convincente, capaz de dialogar con la tradición y al mismo tiempo proyectar futuro.

En definitiva, el montaje no solo fue un acto académico de cierre, sino una demostración de profesionalismo y entrega actoral, donde cada gesto, cada ritmo y cada palabra, luces, vestuario y música  revelaron la disciplina y pasión que sostienen el arte teatral.

Este enfoque pone el acento en los actores como protagonistas del logro, mostrando que la obra fue tanto un espectáculo como una prueba de crecimiento artístico.

El montaje de El médico a palos es una muestra del talento actoral que se forma en la Escuela de Teatro Inés Laredo. La interpretación de Johende como Bartolo resulta particularmente significativa: el tránsito del leñador campesino al improvisado médico es asumido con una doble dimensión escénica, logrando que el mismo personaje se perciba distinto en cada situación. Su gestualidad y movimientos aportan dinamismo y comicidad, sosteniendo el ritmo de la farsa y despertando la atención del público.

Por su parte, la maestría de Luis Alberto Ramos se hace evidente en el rol del padre de la muchacha enferma. Su experiencia en la escena permite dotar al personaje de una presencia sólida y verosímil, que equilibra el humor con la gravedad del conflicto. La interacción con los criados y servidores del hacendado enriquece la trama, aportando matices que dan mayor densidad al desarrollo dramático.

La aparición final del boticario, convertido en médico, cierra la obra con un giro que refuerza la sátira molieresca y permite a los jóvenes actores demostrar su capacidad para sostener la tensión cómica hasta el desenlace.

En conjunto, las actuaciones evidencian no solo el aprendizaje técnico, sino también la capacidad de construcción de personajes complejos, capaces de mantener la atención y el entusiasmo del público en cada escena.

Este montaje de El médico a palos alcanza su plenitud gracias a la dirección de Arnaldo Pirela, maestro de amplia trayectoria teatral y actual director de la Escuela de Teatro Inés Laredo. Su mirada escénica, rigurosa y sensible, permite que los actores despleguen con seguridad lo aprendido en su formación, sosteniendo el ritmo de la comedia y la riqueza de la farsa molieresca.

A esta labor se sumó la versión de Lolimar Suárez, dramaturga, ganadoras de dos sendos premios de  dramaturgia nacionales y directora teatral reconocida, quien con su pluma sabe mantener la esencia del clásico de Molière sin traicionar su espíritu, pero otorgándole una partitura literaria renovada. Su adaptación ofrece imágenes escénicas precisas y bien articuladas, que los actores llevan a escena con frescura y profesionalismo.

La conjunción de ambos, la experiencia de Pirela en la puesta y la visión literaria de Suárez, da como resultado un espectáculo de altura, donde la tradición universal se enlaza con la energía de una nueva generación de intérpretes venezolanos. El entusiasmo y la concentración del público son la mejor prueba de que el teatro, cuando se hace con rigor y pasión es un espacio de encuentro, memoria y celebración.

El elenco

Johender Godoy:  Bartolo, el leñador convertido en médico improvisado.

Luis Alberto Ramos: El padre de la joven enferma.

Johana Martínez : Muy probablemente en el rol de la hija enferma o en un papel femenino central, dado su mención especial.

Ángel Peña : Parte del grupo de criados o servidores del hacendado, personajes que sostienen la comicidad y enriquecen la trama.

Yohainy Carbonell, como la criada, destacó por su gestualidad y frescura.

Jetzsbeth Rodríguez, en el papel de la esposa de Bartolo, supo transmitir la ambición y el carácter satírico que exige el rol.

Keilubin Álvarez dio vida a otro de los criados, sumando comicidad y presencia escénica

Isaac Nava, alumno invitado, asumió con solvencia el personaje del boticario, cerrando la obra con un giro que reforzó la sátira y el desenlace.

Cada uno de ellos mostró excelentes interpretaciones, evidenciando tanto la capacidad de apropiarse de personajes complejos y sostener el ritmo de la comedia

Profesores y formadores actuales  

Arnaldo Pirela.  Director de la Escuela de Teatro Inés Laredo. Responsable de la cátedra de Actuación II y de la puesta en escena de montajes académico; maestro con amplia trayectoria en la escena zuliana.

Alexis Blanco.  Actor y maestro invitado que dictó conferencias y clases magistrales sobre el oficio del actor. Enfatiza la disciplina, la creatividad y el conocimiento de la dramaturgia venezolana.

Pedro Dávila (fallecido) A quien se le hizo un homenaje por su apoyo a  la Escuela de Teatro Inés Laredo. Fue Coordinador de Cultura del UNIR, por muchos años y egresado de la misma escuela; facilitó espacios y talleres para fortalecer la formación técnica de los estudiantes.

Equipo docente complementario

Venus Ledezma, expresión corporal; Enzo Pradelli, educación de voz; Jesús Espinoza, análisis del texto dramático; Lolimar Suárez, historia del teatro; Stefany  Bohorquez, juegos dramáticos; Blanca Basabe, producción; Leonardo Isea, actuación; Carlos Guevara, títeres; Arnaldo Pirela, actuación II; Deyanira Montil, secretaria de la Escuela de Teatro.

Este centro de enseñanza en 2025 celebra 46 años de trayectoria, consolidándose como institución pionera en la formación teatral en el occidente de Venezuela y nada mejor festejar entre risas y farsa.

Molière visita Maracaibo para asistir a la Promoción 2025 de la Escuela de Teatro Inés Laredo, por Nelly Oliver

 Molière visita Maracaibo para asistir a la
Promoción 2025 de la Escuela de Teatro Inés Laredo

 


Por Nelly Oliver

La Escuela de Teatro Inés Laredo de la Secretaría de Cultura de la Gobernación Bolivariana del Estado Zulia tuvo a monsieur Jean Baptiste Poquelin alias Molière como invitado especial para la función de teatro de la Promoción 2025.

Los egresados subieron al escenario con El Médico a Palos de Molière, una farsa clásica que en esta ocasión se sintió sorprendentemente cercana y nuestra.

Esta puesta en escena no fue solo una prueba de culminación; fue la presencia profesional de una nueva generación de artistas, formados por un equipo y una visión pedagógica que se prepara para celebrar su 50 aniversario.

El Médico a Palos de Molière con sabor a desierto iluminado

Autor: Molière
Versión: Lolimar Suárez Ayala
Dirección: Arnaldo Pirela
Intérpretes Egresados: Luis Ramos, Yohainy Carbonell, Ángel Peña, Keiluvín Álvarez, Yohender Godoy, Jetsabeth Rodríguez y Yojana Martínez.

La adaptación de Lolimar Suárez Ayala, dramaturga, ganadora del Premio Apacuana, periodista y coordinadora docente de la Escuela, fue clave. Su versión logra inscribir la obra en los paisajes de nuestro "desierto iluminado". La puerta se abrió para que Molière nos visitará y se sintiera como en casa en el lar maracucho, sin trastocar la esencia de la obra, mostrar con humor las verdades de lo cotidiano. La adaptación de Suárez Ayala demostró que lo universal del teatro clásico puede dialogar perfectamente con nuestra identidad, manteniendo la fuerza de la comedia farsesca.

Promoción 2025

La interpretación de los actores egresados conmovió. Ahí, en el escenario del Aula Magna del UNIR, donde Bartolo, Martina, Don Gerónimo, Lucas, Gines, Andrea, Paula y Leandro hacen transitar la farsesca verdad de “...existe entre los muertos una honestidad, una discreción que nada puede superar; y nunca hasta ahora se ha sabido de uno que se haya quejado del médico que lo había matado…” (Sganarelle). Espacio que se apropian los actores con su cuerpo, voz y entrega, su obra profesional, la que da inicio a otra etapa de su historia teatral. Dan todo, mostrando el rigor y la formación que han transitado los últimos tres años.

La dirección de Arnaldo Pirela, director de la Escuela de Teatro, acompañó las posibilidades de cada intérprete. Pirela exigió el rigor necesario para abordar a 2 Molière, cuidando el tempo, el ritmo y la precisión de la farsa sin sacrificar la vitalidad que los jóvenes talentos aportan.

Elenco:

Bartolo: Yohender Godoy, 
Don Gerónimo: Luis Ramos 
Lucas: Keiluvín Álvarez 
Ginés: Ángel Peña 
Andrea: Yohainy Carbonell 
Paula: Yojana Martínez 
Martina: Jetsabeth Rodríguez 
Leandro: Isaac Nava (estudiante 3er año).

La historia detrás del telón

Otro valor inestimable de este momento reside en la historia personal y el esfuerzo de estos nuevos profesionales, reflejando el espíritu de la Escuela Inés Laredo. La dramaturga Lolimar Suárez Ayala nos regaló una mirada a la dedicación de este grupo:

Felicito a Yojana Martínez, nuestra alumna bilingüe wayuu-español, por su enorme voluntad, viajando desde otro municipio, tomando motos, carruchas, o caminando para no faltar a sus clases... luciendo su manta Guajira, descubriéndose dramaturga, pronto periodista en LUZ, siendo ella misma, auténtica, sin límites.

Felicito a Keiluvin Álvarez, quien ejerce con total disciplina su “otra” carrera como Bombero Aeronáutico en el Aeropuerto Internacional La Chinita, desde donde “volaba” para no perder ninguna clase y así se fue convirtiendo en teatrista, en actor, además de ser músico y cantante en el Sistema.

Felicitaciones para Jetsabeth Rodríguez, una joven que también encontró en la Inés Laredo herramientas para su crecimiento profesional, reafirmando en su día a día el pensamiento crítico que toda sociedad necesita para ser saludable. Su talento y gracia serán sin duda un aporte para nuestro teatro de los próximos años.

Felicitaciones a Yohainy Carbonell, quien llegó con apenas 15 años a la Escuela de Teatro y desde entonces la hemos visto convertirse en una artista integral, aguda 3 en sus análisis, creativa, curiosa y disciplinada, con todo para seguir la senda del éxito...

Felicitaciones Yohender Godoy, el estudiante con las mejores notas de toda la carrera, prácticamente sin inasistencias... militarmente puntual, un actor capaz de memorizarse sus textos y el de todos sus compañeros...

Felicitaciones al ingeniero Luis Ramos, uno de esos lujos que recibimos en la escuela porque siendo ya un actor de trayectoria, eligió la escuela... para someterse al rigor académico sin mirar a nadie con la ventaja de la experiencia, sin arrogancias ni engreimientos estériles. En Luis tuvimos a un guía, a un amigo, a un colaborador indispensable...

Felicitaciones a Ángel Peña, tan lleno de gracia y nobleza que le ha puesto a todo lo que hace un toque de humor, un don que se le da con envidiable facilidad. Ángel es músico y por accidente un buen día su mamá lo inscribió en la Escuela de Teatro sin imaginar que ganó un futuro y una nueva familia.

Un especial agradecimiento al estudiante del tercer año Isaac Nava, por sumarse a esta obra con el personaje de Leandro, un ejemplo de integración entre estudiantes de todos los niveles y hacer posible este estreno con el elenco completo.

Un Agradecimiento Necesario

El esfuerzo de la escuela se debe también a la guía de sus docentes: Carlos Guevara, Leonardo Isea, Blanca Basabe, Venus Ledezma, Jesús Eduardo Espinoza, Stefany Bohórquez, Enzo Pradelli, Lolimar Suárez y Arnaldo Pirela. Su labor se refleja en la disciplina y la calidad de los egresados.

Agradecer es necesario a esta y todas las promociones, a los estudiantes que vienen de Municipios lejanos a formarse como actores en la “Inés Laredo”, emblemática institución que tiene honda resonancia en la vida de los hombres y mujeres de teatro del Estado Zulia.

¡Aplausos y que viva el teatro!

La Promoción 2025 de la Inés Laredo ya está aquí, y ha llegado para enriquecer el panorama cultural del Zulia y el país.


Nelly Oliver

 


El animador obliga a examinar de qué están hechos nuestros sueños, por Daniel Herrera Malaver

El animador obliga a examinar 

de qué están hechos nuestros sueños


Por: Daniel Herrera Malaver

Carlos lo sentencia desde el escenario: “Todo el mundo cree. Todo el mundo se sienta noche tras noche frente al televisor para creer”. Me estremezco al pensar que, pese a lo mucho que hemos cambiado como sociedad, en lugar de cultivar colectivamente un pensamiento crítico que regule nuestro tiempo de exposición, nuestra interpretación afectiva y el uso que hacemos de las pantallas, las empresas han diversificado el tamaño de los dispositivos, multiplicado los tipos de contenidos y aumentado de manera exponencial nuestro tiempo de exposición a discursos audiovisuales cuyo propósito es vendernos productos, ideas y modos de vida. Estas maestras de la persuasión suelen valerse de todas las herramientas tecnológicas —televisión, internet, inteligencia artificial— para alcanzar sus objetivos.

Esta reflexión, vigente como nunca, surge de ver El animador, obra escrita en 1972 por el dramaturgo Rodolfo Santana. Más de medio siglo después del estreno de su primera versión, la agrupación CreArte Angostura viajó desde el estado Bolívar hasta Caracas para participar en el Festival Nacional de Teatro Venezolano 2025. En la Sala de Conciertos de la Universidad Central de Venezuela, los días 18 y 19 de noviembre, pudimos ver a Carlos, un televidente interpretado por Alexander Morales, quien, hastiado por los contenidos de una televisora, secuestra a Marcelo Ginero, el gerente del canal, interpretado por David González.

Desde el inicio, constatamos que se trata de dos actores curtidos en mil batallas, capaces de esculpir en escena, a golpe de martillo y cincel, una realidad enraizada en nuestra idiosincrasia: cruda, divertida y dolorosa, disparatada pero creíble. Ambos personajes se encuentran en una constante tensión dramática que, transcurridos los primeros minutos, crece hasta niveles delirantes. La estética se reduce únicamente a la presencia de los cuerpos y las voces; todo objeto y elemento de vestuario está subordinado al juego cínico en el que los personajes se hallan atrapados.

El trabajo actoral y la dirección de Freddy Gutiérrez reflejan una gran dedicación y un resultado que solo es posible con entrega, tiempo de ensayo y maduración del proyecto: dos años de trabajo. En la capital, pocas veces vemos proyectos con plazos tan extensos y un resultado tan cohesionado.

La obra atrapa, divierte e interroga. Y justo cuando el espectador se vuelve cómplice del juego, plasma en los cuerpos de los actores un dilema trágico: ¿qué sucede si la búsqueda de la felicidad es una trampa?, ¿si el sistema no lucra con la concreción de nuestros sueños, sino con el esfuerzo estéril por alcanzarlos? Un esfuerzo que, paradójicamente, nos consume la vida.

10.12.25

Una y una son seis de Ligia Álvarez en la sala Lola Ferrer, por David Ortega

Una y una son seis de Ligia Álvarez en la sala Lola Ferrer


 

 Por David Ortega

Tuvimos la oportunidad de presenciar la lectura dramatizada de uno de los textos teatrales de la reconocida dramaturga Ligia Álvarez, quien además de dirigir su propia obra interpretó el personaje Alba, una cincuentona divorciada dos veces; el personaje Marga, fue interpretado por la experimentada actriz Marisol Castilloblanco, la amiga de la niñez que ha enviudado. Ambas comparten la desventura de la soledad tras la partida de sus hijos al exterior, y reunidas encuentran la oportunidad de aclarar y resolver un conflicto del pasado, motivado por celos y un mal entendido, mientras esperan a otras cuatro amigas. Se trata de un drama conmovedor que elogia la amistad perdurable.

La sala teatral Lola Ferrer fue en el pasado un lugar de relevancia en la escena caraqueña, ubicada en la avenida México, frente a la Escuela Experimental Venezuela. Su fundador fue Miguel Lizardi en los años noventa del siglo pasado, quien la dirigió hasta su fallecimiento. Ahora, bajo la dirección de Stalin Rodríguez, y apoyado por estudiantes de UNEARTE y habitantes de la comunidad local, se reabrió durante la pandemia. Desde entonces, a pesar de los altibajos se han mantenido abiertas sus puertas, ofreciendo talleres de formación actoral, conversatorios y presentaciones. En este último mes del año 2025, a partir del 3 y hasta el 7 de diciembre, se llevó a cabo el ciclo de lecturas dramatizadas de varias obras teatrales en honor a la actriz de larga trayectoria Luisa Mota. Bien merece el apoyo de instituciones públicas y de empresas privadas para que esta sala goce de larga vida.



 

9.12.25

De lo literario a la escena por Carlos Rojas

 Un punto de vista

De lo literario a la escena

por Carlos Rojas*

criticarojas@gmail.com

Especial para Miradas al Escenario 

Ilustración cortesía de Lauren Strada © 2025

Hay una ficción recurrente entre narradores y lectores entusiastas: creer que un cuento puede trasladarse al teatro o al cine como quien pasa de una página a la otra. Como si las palabras conservaran el mismo peso, la misma respiración, el mismo tiempo. Bien se sabe que la literatura se sostiene en la sugestión; el teatro, en la representación y el cine en lo que se muestra. Y ese contraste con la realidad, cuando se adapta es muy diferente.

En el escenario no existen revelaciones tardías. El teatro no permite que el conflicto sea un lujo del final: debe emerger desde el primer minuto en el cuerpo del actor, tensionando el aire, obligando al espectador a participar de la incomodidad. Lo que en el cuento vive como insinuación, en escena necesita encarnarse: volverse riesgo, gesto, fricción y en el cine debe verse en imágenes.

Pasar de lo literario a lo escénico exige cortar, reescribir y significar. No basta “poner en escena”: hay que aceptar que el escenario disipa todo lo que no se vuelve presencia. Un cuento puede esconder; la escena no perdona.

Chejov lo explicó de un plumazo con su célebre línea: “Un hombre, en Montecarlo, gana un millón y al volver a casa se suicida”. La paradoja es perfecta para la narrativa. El lector puede descubrir el sentido en el último segundo. En el teatro, ese mecanismo implosiona: la tensión no puede revelarse; debe respirarse. Ese suicidio no es sorpresa; es atmósfera. Es teatralidad. Es imagen.


Ilustración cortesía de Lauren Strada © 2025

Piglia lo formuló sin anestesia: todo cuento narra dos historias, la visible y la secreta. Poe llevó esa técnica al límite. En teatro la historia secreta no puede ser un murmullo soterrado: debe convertirse en conflicto. No en explicación, sino en energía que empuja la acción; en el cine pasa lo mismo.

La narrativa vive de la elipsis mental; el teatro, de la fisicidad y el cine, de la potencia de la fotografía. La prosa puede prestarse a la interioridad; la escena necesita cuerpos, silencios respirados, objetos que insinúan más de lo que dicen. Lo que en Borges es maquinaria conceptual, en escena es experiencia; lo que en Kafka vibra como absurdo íntimo, en teatro debe volverse clima encarnado; lo que en Hemingway es témpano, aquí se manifiesta en tensiones visibles.

El guión cinematográfico habita en otro territorio. Es ingeniería visual: si no se ve o se oye, puede funcionar de igual modo. Donde el cuento puede pensar y el teatro puede tensar, el guión debe traducir todo en imagen y ritmo. El subtexto no lo escribe el guionista: lo construyen la cámara, la luz, la actuación, el montaje, la música. Es un oficio de precisión audiovisual.


Ilustración cortesía de Lauren Strada © 2025

Por eso conviene establecer las diferencias sin ambigüedades:

1. Narrativa literaria

   Trabaja con dos capas: la historia visible y su sombra. Su territorio es íntimo, sugestivo, silencioso. La revelación puede ocurrir en la última palabra.

2. Dramaturgia

   No narra: acontece. La historia secreta pierde su condición de misterio para convertirse en motor dramático. El lenguaje no es adorno: es acción, ritmo, conflicto. La elipsis no es vacía, sino ausencia física que el espectador completa.

3. Guion cinematográfico

   Es un formato técnico. La historia se expresa en imágenes, y cada línea debe traducirse en un acto filmable. Su tiempo es el del montaje; su fuerza, lo visible.

 

Ilustración cortesía de Lauren Strada © 2025

Adaptar un cuento al teatro, implica tres fases decisivas:

1. Encarnar la historia oculta, darle materia, convertir el subtexto en tensión viva.

2. Transformar la voz narrativa en acción, porque en teatro el narrador estorba.

3. Construir un arco emocional sin la muleta de la prosa, confiando en la respiración del actor y en la escucha del público.

Recuerda: El teatro no se adapta: reescribe. No traslada: reordena. No cita: confronta. Su tarea es arrancarle al cuento su maquinaria secreta y devolverla en forma de organismo vivo en la escena.

La literatura puede esconder.

El teatro exige presencia.

El cine puede sugerir.

 

Ilustración cortesía de Lauren Strada © 2025

Tres oficios respondiendo la misma pregunta:

¿Cómo mostrar lo que no se ve?

El cuento lo oculta.

El teatro lo vuelve cuerpo.

El guión lo proyecta.

En conclusión, cuando esas tres capas convergen - entonces lo invisible se encarna y lo interno se vuelve acción- la historia por fin cruza la frontera: deja de ser una idea, se sostiene en escena y respira con la intensidad con la que nació.

 Ahora sí: puedes comenzar a escribir, querido lector.

CR (@mipuntocritico)

*Carlos Rojas / Crítico e Investigador Teatral radicado en Bogotá.

 

 

7.12.25

Teatro Estable de Maracay: Huellas, sudores y candores, por Rubén Joya

 Teatro Estable de Maracay: Huellas, sudores y candores.

 

Por Rubén Joya

Nada los detiene. La historia de las artes creativas lo sabe.

Aragua, Venezuela y otras fronteras, también. Van y vienen de un lugar a otro con los sueños escénicos a cuestas. Pasa mucho y poco. Mucho, porque dan más de lo que tienen, y poco porque la realidad no necesita decir menos de lo que reciben.

Incierto e impreciso por las tormentas que lo acechen, el TEM llega a dónde quiere por sus propios medios dentro del marco de las circunstancias que sean.  La creación es un murmullo imposible de silenciar. Eso es aplaudible, celebrable.

Concebir el sentido de su propia existencia durante cincuenta y ocho (58) años no se puede razonar con lógicas habituales, pero la convicción propia, la reinvención y divinidad creativa nos da razones de sobra que enaltecen la cultura en el estado, de su gente y de tantos artistas que han dejado su huella indeleble por esa “Caja Negra” de vaivenes migratorios: infortunio sin comparación en su historia.

Aunque Homero haya dicho que “el genio se descubre en la fortuna adversa”, el Teatro Estable de Maracay debe tener por dicha, valía y mérito una sede digna, propia de una institución representante del teatro, la más importante sobreviviente en tiempos dónde la vida no sabe qué coño hacer con su vida.

El Teatro Estable de Maracay, es un modo de sabernos memoriosos. No es una obra de Beckett, ni son un grupo de cómicos obligados a representar una obra sin saber por qué, ni esperan que en la nada más absoluta siempre quede algo. No. Pero a la señora “Winni” (la institución) parece que le basta con saber que están ahí, que siguen vivos, y ya.

El TEM, señores, es un grupo de pocos que, en vez de tenderse, de dejarse abatir, siguen de pie, trabajando, soñando, imaginando y ovacionados por el público de todo el país.

¿Qué otra cosa falta para que se den cuenta?

El arte contradice todo hecho nefasto del mundo…

Perdón, El Secretario, Francisco Xavier de Dios, va a proceder a declarar un intermedio.

FRANCISCO XAVIER: (Tras una pausa) Se declara un intermedio.

Aplausos, TEM.

Rubén Joya

6.12.25

Teoría y teatro: Cuerpo, cerebro, cultura, por Freddy Antonio Torres González

 Cuerpo, cerebro, cultura.


Por Freddy Antonio Torres González

En el libro de Turner, Cuerpo, cerebro, cultura (1993), el autor intentó integrar en su teoría socio- antropológica del ritual, los datos y las instancias de la etología y la neurobiología, intentando poner a punto una aproximación globalizante, "bio-antropológica" que trata de conciliar necesidades culturales y necesidades biológicas, determinismo genético y aprendizaje

Turner también en su libro Antropología del performance, aclara que la complejidad del fenómeno ritual más allá de los paradigmas y de los cliché socio-antropológicos dice: los rituales no asumen solamente funciones sociales y culturales en tanto dramas sociales, es decir, dramatizando los conflictos y poniendo así a las comunidades en condiciones de superarlos dinámicamente, con la reintegración o con el caos o el cisma, y gracias a esto, "transformarse"; los rituales asumen también funciones biológicas y por lo tanto "transculturales" respondiendo a necesidades genéticamente determinadas y, por ejemplo, tiene que ver con los orígenes, la estructura de nuestro cerebro superior.

Los procesos creativos, los que generan nuevos conocimientos culturales podrían resultar de una coadaptación, quizás en el proceso ritual mismo de información genética y cultural.

En las teorías de la lateralización o del cerebro, bicameral, Turner hipotiza otra función biológica del ritual, consiste en permitir pasar del habitual sub utilización del hemisferio derecho del cerebro a una fuerte estimulación simultánea de ambos , con el llamado fenómeno rebote, el primer hemisferio es iluminado y luego apagado, para permitir que el segundo se ilumina y luego apagado.

La actividad rítmica del rito, con el estímulo sonoro, visuales, luminosos, pueden llevar al máximo estímulo simultáneo de ambos sistemas, haciendo que los participantes del rito sientan lo que los autores llaman "efecto positivo inefable" : (experiencia escénica: Freud); o éxtasis yoguica, o unión mística, (Cristiana); Satori (iluminación Zen); Luz interna (Cuáqueros); la conciencia trascendental (Tomas Merton) y el Samadi Yoga (Turner, 1993).

La función creativa y subversiva del ritual enfatizada para los para- chamanes del teatro como Grotowski, y Barba y también de la danza como Baush y otros , conciben y practican la estética para provocar efectos iniciaticos permanentes Schechner, 1999) en desventaja de su naturaleza de "medio para conocer el saber cultural y de los modelos individuales de comportamiento".

Animalidad y prácticas performativas.
Las prácticas performativas no podrán nacer de la combinatoria de retazos de viejos modelos sino del planteamiento de nuevos paradigmas epistemológicos.

La etnoescenologia.
Es una corriente nueva de ciencias del espectáculo propuesto por JM Pradier. Se ocupa primordialmente del "árbol del ritual" ideado por el director antropólogo, Schechner, es una visión evolucionista que simplifica la representación del entramado entre los distintos factores en juego tendiendo a desvalorizar todo en cuanto en el hombre y en sus rituales y performance hay de genéticamente determinado y de animalidad ligada a reacciones arcaicas y a necesidades biológicas primarias.

En las ritualizaciones humanas no hay solo comportamientos aprendidos sino también comportamiento genéticamente determinado movido por necesidades biológicas.

Pradier se esfuerza por demostrar la teoría biológica de la relación teatral actor-espectador:
a) existe una espectacularidad humana, en el mundo animal sustancialmente hecha de las relaciones de organismos vivientes en presencia de otros organismos como en las "danzas de cotejo".
b) La espectacularidad humana participa también de esta espectacularidad, de sus bases biológicas y de sus determinaciones genéticos.
c) por lo tanto los actores como los Espectadores envisten en la relación teatral, necesidades biológicas antes que culturales (sociales, estéticas, espirituales) elaborando determinismos biológicos.

En síntesis:
En el teatro, antes que los seres humanos pensantes dotados de neocorteza, somos también animales, o mejor organismos vivientes y, como tales, nos comportamos.

Cuando como espectadores se nos pone en presencia de otros organismos vivientes, se desata en nosotros reacciones físicas y cognitivas típicas, ausentes en otras situaciones: la Kinesterio o empatía muscular es una de éstas, en la medida en que es producida solamente por movimientos biológicos y reconocibles por los espectadores.

La importancia, para el actor, de la recuperación de la animalidad existe una amplia literatura del siglo XX desde Meyerhold, Grotowski, Suzuki a Barba.

Finalmente para Pradier, el comportamiento performativo es una elaboración altamente especializada de facultades y necesidades determinadas que se basa en aprendizajes culturales (actores-espectadores).

Freddy Antonio Torres González. Mérida 2025.

Maneras de mirar

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Miradas al escenario nace como resultado  del taller de Crítica Teatral organizado por la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela durante e...